Ampliadora de placas de cristal de principios de s.XX

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Con este artilugio, que veis a la derecha de la imagen, se reveló esta foto a principios de siglo XX. La ampliadora de placas de cristal que nuestros predecesores, bisabuelo y abuelo, empleaban y adaptaron a sus necesidades para su trabajo diario. Artesanía pura. De éstas deben quedar pocas.

 

La luna de ayer. Parte II

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Iluminado por un chispazo de lucidez y melancolía recordó la letra de la canción de la película Casablanca “un beso sigue siendo un beso y un suspiro es sólo un suspiro. Las cosas fundamentales adquieren valor a medida que pasa el tiempo”. Eso había creído cada vez que echaba la vista atrás y recorría mentalmente todos esos años a su lado. Ya no eran aquellos jóvenes que se las prometían felices, alimentados de sueños, promesas por cumplir y buenas intenciones. Enamorados furtivos, creadores de un universo propio construido a base de renuncias, comprensión, amor y trabajo. Siempre pensó que las parejas son una adaptación al medio, una suerte de desarrollo genético por el cual prevalece el ni contigo ni sin ti. Red frágil y resistente a la vez, tela de araña que sirve tanto de trampa mortal como de hábitat natural.

Recordaba como si fuera ayer a esa niña, ya madura desde los quince años, a la que le aterraba la soledad y la rutina. Preocupada constantemente por un futuro que ni siquiera sabía conjugar. Bella, fría y con ese punto misterioso que la hacía irresistible y temible a partes iguales. Mariposa halagada porque le admiren sus alas sin saber que son para volar.

Aquel beso dejó entrever la reminiscencia de ese joven impulsivo y soñador; cosido ahora por jirones de la vida que lo habían hecho prematuramente cauto y reservado a fuerza de golpes y malas decisiones. La noria de la vida lo había devuelto al pu
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La luna de ayer. Relato con foto. Ayúdanos a continuar

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La enorme luna llena provocaba dos sombras alargadas sobre el húmedo asfalto poco transitado a esas horas de la noche. En silencio, rasgado sólo por el taconeo de sus zapatos y que a él le parecía la sinfonía más bella jamás compuesta, siguieron caminando como la primera vez que lo hicieron aquella madrugada en la que, con esa valentía temeraria que sólo un flechazo así te impulsa, se acercó y le invitó a una copa. El contacto de sus manos entrelazadas los hacía inexpugnables, dueños de sus vidas, seguros de que nada malo les podía suceder si se mantenían unidos en medio de un mundo que se desmoronaba a su alrededor.  Atrás quedaban dudas, malos momentos e incertidumbres propias de esta sociedad que vive en el aquí y ahora sin más proyecto que el próximo fin de semana o el siguiente enamoramiento.

El olor a tierra mojada y deseo inundaba el ambiente propio de las noches de agosto, en calma tras la tormenta, impregnando la atmósfera de esa pesada y dulzona sensación de sueños por cumplir.

Así pues, el destino, a veces cruel y a veces mágico, había provocado este reencuentro tras muchos años de olvido, remordimientos y finalmente indiferencia. Como si el efecto curativo de las acacias que les acompañaban en su paseo entrara por cada poro de su piel, él se sentía aliviado de todos los males que había sufrido desde aquella despedida inesperada cuando ella decidió romper con todo.

Caminando a su lado, quería retener cada uno de los detalles que hacían mágico ese instante. La sonrisa traviesa a media luz, su vestido vaporoso meciéndose dulcemente por la brisa pegajosa del estío, la ciudad dormida a su alrededor como gran cómplice de sus confesiones,  los labios apetecibles y esos susurros que ella tan bien manejaba en las distancias cortas, le provocaban esa sensación de  déjà  vu que le agradaba e inquietaba a partes iguales.

Tras un largo y profundo beso, él, impulsado por un extraño y maldito resorte, no se pudo contener y sabiendo que se acercaba al precipicio del que tanto le costó salir, hizo lo que se prometió una y otra vez que no iba a volver a hacer nunca.

Este es el comienzo de un relato que nos gustaría continuar con vuestras aportaciones. Deja correr la imaginación, tus dotes literarias  y  participa con nosotros. Gracias a tod@s!

Las apariencias

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Todos ven lo que tú aparentas; pocos advierten lo que eres.

 

Nicolás Maquiavelo

 

 

Vivimos revestidos con disfraces inconscientes que encubren todas nuestras carencias. Fachadas desconchadas que dejan al descubierto imperfecciones de construcción. A lo largo de la vida nos cruzamos con falsos de mil caras, fuertes que no lo son o mediocres de osadía infinita. Oímos impostadas risas de karaoke o derramamos lágrimas no sentidas e impuras. ¡Cuántas veces las apariencias engañan como ese remo recto que parece curvo en el agua! ¿Por qué no presentarse como uno es? ¿Por qué alguien puede sentirse frustrado por no cumplir las expectativas creadas ante los demás? ¿Es humano y por tanto perdonable intentar vivir como lo que no eres?

Por otra parte, a menudo nos dejamos llevar por la primera impresión, prejuzgando de una manera injusta y precipitada. ¿Pero la intuición es más sincera que la razón? Seguramente, al menos sí más espontánea y valiente. Cuántas veces complicamos un problema con vueltas y más vueltas hasta acabar sin solución, enredado en los dedos como las figuras entrelazadas en las manos en el juego del hilo. ¿Puede la intuición mandarnos señales que nos advierten ante una situación? El nudo en el estómago, dolores de cabeza o los sueños suelen ser los avisos del subconsciente. Miles de años de experiencias nos conducen a tomar decisiones instantáneamente y suelen ser las más acertadas.

En este teatro de sombras chinescas no deberíamos olvidar que la imagen proyectada puede ser una delicada figura de una mariposa pero que lo importante y verdadero son las manos que le dan forma.

 

Fotoandeco

Mayo 2013

Café pendiente

 

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Una mañana se despertó cansado tras una noche agitada repleta de pesadillas con imágenes inconexas y turbias. Decidido, cortó el anillo y dejó marchar su decepción mar adentro.

 

Muy a menudo me asalta la duda sobre si esperar mucho de la gente nos conduce a una decepción mayor. Vivimos atados a experiencias traumáticas cuando realmente ser feliz depende de uno mismo. Tú eliges seguir anclado a lo que te hace sufrir o sueltas amarras y pasas página de aquello que te perturba. Encaramados en esta escalera de la vida, un peldaño te lleva al siguiente. Buscas vientos favorables sin esperar gran cosa de nadie más que extraer experiencias enriquecedoras que nos hagan crecer como individuos. Sin rencores. Agradecido de lo que aprendiste con cada persona y sacando la parte positiva ante los reveses con los que nos topamos diariamente. Qué difícil!

Aligeremos la mochila de falsas expectativas, sinsabores o malas experiencias y centrémonos en el día a día, en abrir los ojos y la mente a lo que está por venir.

Ahora mismo, a nuestro alrededor, podemos ver ejemplos de superación en familias que se ayudan ante las penurias económicas y laborales de uno de los suyos; voluntarios que dan lo mejor de su tiempo libre a esos fantasmas vivientes rechazados por el sistema, regalando un poco de conversación y una sonrisa que les realce la autoestima y se sientan de nuevo visibles para esta sociedad que lo único que les ofrece es un cartón y un trozo de acera donde levantar su casa o esos enfermos luchadores que nos dan un ejemplo de amor a la vida.

En estos días leo un maravilloso ejemplo de solidaridad importado de Italia, el café pendiente. Una persona pide un café en un bar y deja pagado otro para que posteriormente alguien, más necesitado y sin recursos, pueda consumirlo gratuitamente. Acto de generosidad callado, anónimo, ya que no conoces a la persona para poder agradecérselo ni aquélla espera reconocimiento. Ejemplo máximo de altruismo sin necesidad de propaganda ni medallas.

Amor eterno

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Bajaría al fin del mundo, /sería un pobre vagabundo/ si me lo pidieras tú./ Volaría hasta la luna,/robaría una fortuna,/si me lo pidieras tú./Dejaría vida y patria,/ abandonaría hasta mi casa,/si me lo pidieras tú./Se pueden reír de mí,/cualquier cosa haría por ti/si me lo pidieras tú.

Hymne a l’amour

Edith Piaf

Sostiene un estudio que las parejas que viven cuarenta años juntas son más felices. Según la publicación lo más difícil es el primer año de convivencia, el aprendizaje ante una nueva situación. Acoplamiento que necesita su período de rodaje, superando la presión social de ser felices constantemente con mensajes machacones que hablan de fracasos a nuestro alrededor sin tiempo a remontar altibajos, malos momentos o desvanecer espejismos. ¿Amor eterno? ¿Requiere esfuerzo o si es así ya no es amor?

Quemamos etapas a toda velocidad convirtiéndonos en mendigos emocionales, desnortados y, a fuerza de maltratarlos, olvidamos conjugar verbos como amar, convivir o respetar. Perniciosamente llamamos esposa a la compañera que no está para maniatar si no para entrelazar destinos. Buscamos a la media naranja perfecta cuando lo importante es complementarse. Crecimos con la imagen del príncipe azul de disney que se desdibuja y humaniza al pasar a tamaño natural. Cada vez con más frecuencia caemos en la trampa social del envoltorio sin ser capaces de descubrir trasfondos llenos de sensibilidad y sabiduría. Al despertar una mañana nos preguntamos amargamente si tiene sentido que aquella persona para la que lo éramos todo en la vida siga ocupando la AA en la agenda de nuestro teléfono.

En cambio, ¿por qué otras parejas consiguen esa conjunción de sentimientos, propósitos y metas? ¿ Será simplemente un grado adecuado de oxitocina el elixir de la fidelidad o influye la transmisión de valores y nuestra madurez emocional en las futuras relaciones? ¿Se aprende a convivir?

Otras veces leemos hermosas y trágicas historias de muertes prematuras tras la marcha de la persona amada. Vidas cojas y sin sentido que nos recuerdan al personaje Ricardo Darín en El secreto de sus ojos preguntando perdido ¿como hizo para aprender a vivir sin ella?

Fotoandeco

Marzo 2013

Fotos de “Los Vidal” hasta 7 de abril en La Beneficencia

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Te has pasado! Gracias Toni Ramos por el artículo que publicas hoy, en la edición de la Comunitat valenciana, del periódico LaRazón.

Racionalmente emocionales

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Siempre se ha creído que existe algo que se llama destino, pero siempre se ha creído también que hay otra cosa que se llama albedrío. Lo que califica al hombre es el equilibrio de esa contradicción.

G.k. Chesterton

 

Creemos subsistir con las riendas de nuestra vida bien asidas, seguros de a dónde queremos llegar y por qué caminos transitar pero muy a menudo al ver nuestra existencia nos sacude la imagen como si fuéramos la hoja flotando a la deriva por los rápidos del río de la vida. A veces discurriendo mansamente, otras medio sumergidos en las turbulencias caprichosas de las corrientes. Chapoteando en las decisiones tomadas, con frecuencia nos preguntamos por qué escogimos en su momento ese camino, cómo llegamos a este punto o por qué se cruzó en nuestra vida esa persona.

A veces pensamos que si no sucede algo es porque no tenía que ocurrir. Schopenhauer lo llamó fatalismo trascendental y podemos llegar a creer que nuestros actos no dependen de nosotros ya que todo acontece en este mundo por rigurosa necesidad. ¿Existe el destino? De tal manera, cada cosa que nos pasa tiene su por qué, igual que cada persona que llega a nosotros es porque nos enseñará algo nuevo.

Pero quizá no todo esté predestinado sino que debido a los patrones aprendidos desde muy pequeños actuamos inconscientemente. Según parece nuestro inconsciente toma decisiones una fracción de segundo antes que la parte consciente. Así pues, dependemos de la parte instintiva y emocional de nuestro cerebro. A pesar de nuestra supuesta racionalidad, funcionamos la mayoría de las veces por impulsos emocionales que salen a la luz después de muchos años de aprendizaje silencioso. Pero entonces ¿Somos presos de nuestro carácter? ¿Todo está escrito o nuestro subconsciente actúa de manera independiente según experiencias adquiridas? ¿Y cómo se enfrenta una persona creyente a todo lo dicho sobre el destino ?

Debemos recordar las palabras de San Pablo sobre la predestinación. Nos habla del designio benevolente; así pues y según él, Dios nos crea para salvarnos, para estar a su lado y ser felices siguiéndolo. Dicho esto, nosotros somos libres para buscar nuestro destino teniendo presente el llamamiento a la responsabilidad que hace la Iglesia respecto a esa libertad en relación con su destino eterno.

En cualquier caso, tengamos esa actitud positiva y respetuosa hacia todo lo que nos rodea, con los ojos bien abiertos, viviendo plenamente y propiciando buenas experiencias y oportunidades.

Fotoandeco

Marzo 2013

 

 

 

 

La dignidad de la mirada

foto Martín Vidal Romero. 1895

foto Martín Vidal Romero. 1895

 

 

Suele haber encuentros, aun con individuos totalmente desconocidos, que despiertan nuestro interés, incluso desde la primera mirada, así, de repente, de improviso, antes de haber cambiado una palabra.

Crimen y castigo

 

 

Fotografías que prenden la esencia escondida de cada uno y descubren el espíritu en toda su profundidad. Miradas limpias, huidizas o profundas. Miradas de entendimiento o de compromiso, incluso de desprecio. Miradas que no terminan de cruzarse como los amores esquivos; otras, en cambio, se entrelazan como las parejas que buscan el refugio en el cuerpo del otro. Miradas ingenuas que con la edad se vuelven maliciosas y oscuras.

Retratos sutiles como el de la niña afgana capturado por el fotógrafo Steve McCurry y publicado en National Geografic. Esta foto, esencia misma de la dignidad en la mirada, es ya un verdadero icono moderno que perdurará a lo largo de los años convertido en ejemplo de retrato psicológico. Ojos verde esperanza como la que alberga en recuperar su existencia mientras, golpeada por la guerra, sobrevive en un campo de refugiados. McCurry que tras diecisiete años de búsqueda, encontró en Sharbat Gula otros ojos y otro rostro casi irreconocible. Su mirada, después de más de una década de bombardeos y sufrimientos, transmitía tristeza y melancolía. Mirada cansada en un cuerpo aún joven que acumulaba demasiadas cicatrices provocadas por guerras sinsentido y burkas denigrantes. Ejemplo de lucha personal, de resistencia y de dignidad. Sufrimiento marcado a fuego en cada arruga del rostro. Existencias reales, en este mundo, muchas veces cruel y que el chispazo sensible del fotógrafo consigue sacudir en nuestras conciencias confortables como un terremoto estremecedor.

Transformaciones físicas y emocionales que pueden llevar a preguntarnos si la otra persona es todavía aquella que conocimos en su momento. ¿Cambiamos a lo largo de los años? ¿Puede engañarnos una mirada? ¿Hay simplemente miradas honestas o malignas? ¿Es nuestra mirada el espejo del alma?

Fotoandeco

Febrero 2013

Imagina

Imagina

 

© Luis Vida Ayala

© Luis Vida Ayala

 

Como se hace para vivir una vida vacía? Como se hace para vivir una vida llena de nada? No fue otra vida, fue esta. Es esta!

El secreto de sus ojos

 

Vidas sin instrucciones de uso, con la brújula existencial señalando en todas direcciones y ninguna, buscadores impenitentes de pellizcos de felicidad.

Vidas llenas de carencias. Vacías de referencias y proyectos. Enredados en envidias y egoísmos que impiden disfrutar de lo que te rodea, sobrevivimos unos tiempos difíciles en los que parece que toda una sociedad camina sin rumbo. Perdidos ante la falta de liderazgo y metas tangibles, deambulamos por los senderos del conformismo y la desilusión. Con una juventud diluida por realitys que encumbran a personajes que no se respetan ni a sí mismos. Malbaratando esa ventana llena de posibilidades como es internet y que finalmente se convierte en cajón de sastre de frustraciones y vulgaridades.

Imagina una sociedad comprometida con el esfuerzo y la responsabilidad. Imagina un mundo sin juicios a la ligera que sacan conclusiones equivocadas. Imagina vivir sin discusiones que no llevan a ninguna parte. Imagina comprender la debilidad del otro. Imagina buscar la sencillez frente a lo rebuscado de nuestros pensamientos. Imagina luchar por la amistad duradera y noble. Imagina ganar a la monotonía. Imagina, sencillamente, vivir ESTA vida.

 

Fotoandeco

Enero 2013