Racionalmente emocionales

hoja baja 06

Siempre se ha creído que existe algo que se llama destino, pero siempre se ha creído también que hay otra cosa que se llama albedrío. Lo que califica al hombre es el equilibrio de esa contradicción.

G.k. Chesterton

 

Creemos subsistir con las riendas de nuestra vida bien asidas, seguros de a dónde queremos llegar y por qué caminos transitar pero muy a menudo al ver nuestra existencia nos sacude la imagen como si fuéramos la hoja flotando a la deriva por los rápidos del río de la vida. A veces discurriendo mansamente, otras medio sumergidos en las turbulencias caprichosas de las corrientes. Chapoteando en las decisiones tomadas, con frecuencia nos preguntamos por qué escogimos en su momento ese camino, cómo llegamos a este punto o por qué se cruzó en nuestra vida esa persona.

A veces pensamos que si no sucede algo es porque no tenía que ocurrir. Schopenhauer lo llamó fatalismo trascendental y podemos llegar a creer que nuestros actos no dependen de nosotros ya que todo acontece en este mundo por rigurosa necesidad. ¿Existe el destino? De tal manera, cada cosa que nos pasa tiene su por qué, igual que cada persona que llega a nosotros es porque nos enseñará algo nuevo.

Pero quizá no todo esté predestinado sino que debido a los patrones aprendidos desde muy pequeños actuamos inconscientemente. Según parece nuestro inconsciente toma decisiones una fracción de segundo antes que la parte consciente. Así pues, dependemos de la parte instintiva y emocional de nuestro cerebro. A pesar de nuestra supuesta racionalidad, funcionamos la mayoría de las veces por impulsos emocionales que salen a la luz después de muchos años de aprendizaje silencioso. Pero entonces ¿Somos presos de nuestro carácter? ¿Todo está escrito o nuestro subconsciente actúa de manera independiente según experiencias adquiridas? ¿Y cómo se enfrenta una persona creyente a todo lo dicho sobre el destino ?

Debemos recordar las palabras de San Pablo sobre la predestinación. Nos habla del designio benevolente; así pues y según él, Dios nos crea para salvarnos, para estar a su lado y ser felices siguiéndolo. Dicho esto, nosotros somos libres para buscar nuestro destino teniendo presente el llamamiento a la responsabilidad que hace la Iglesia respecto a esa libertad en relación con su destino eterno.

En cualquier caso, tengamos esa actitud positiva y respetuosa hacia todo lo que nos rodea, con los ojos bien abiertos, viviendo plenamente y propiciando buenas experiencias y oportunidades.

Fotoandeco

Marzo 2013

 

 

 

 

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