EL FARO

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El faro
Luz  milenaria. Testigo y guía para marineros errantes. ¡Tranquilidad, estamos en casa! Amigo fiel a su cita noche tras noche, incansable. Diálogo de pocas palabras. Guiño entre camaradas que no necesita ninguna explicación y que siempre estará ahí. Amistad duradera. De las de verdad. De las que no piden nada a cambio. ¡Cuántas generaciones ayudadas por esa luz constante e invariable! Misma intensidad, misma cadencia. Referencia que no engaña.
Posiblemente en la actualidad, gracias a los avances en la navegación hay otros métodos más fiables y modernos para no perderse pero ellos ahí siguen como ejemplo y referencia. Ejemplo necesario en estos tiempos de zozobra moral y de tempestades vitales donde se olvida lo más esencial y primigenio. Amistad,  sencillez, verdad,  respeto, humildad, compromiso… Palabras que de no usarlas pierden todo sentido. Que las modas y corrientes no nos hagan perder el rumbo y navegar a la deriva. ¡Impidamos vientos contrarios que provoquen el abatimiento de nuestro casco vital!
Faros robustos, sobrios, directos y claros que esconden la grandeza de lo no pedido. Luz constante y sabia que nos ayuda a recuperar el rumbo perdido. Mensajes inequívocos y perdurables. Sin dobleces.  Amigos que no fallan.
Ya en el 280 a.c.,  Alejandria, centro cultural por antonomasia, inventó este lenguaje universal y aquí os muestro el faro de La Nao. Discreto, sobrio y parco. Amigo de aventureros en este Mediterráneo culto y traicionero.

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